lunes, 9 de febrero de 2009

Integridad informativa

A continuación se presentan los titulares de un periódico francés que se sucedieron durante los días del destierro de Napoleón y su posterior retorno a París.

Mientras Napoleón estaba lejos, la forma en que los periodistas del diario El Monitor (Le Moniteur Universel ) se referían a él era despectiva y desafiante, pero a medida que el militar se acercaba a París, los redactores iban cambiando su tono, pasando primero a una forma prudencial y medida para referirse a él, y adoptando luego un tono francamente servil.

Durante el mes de Marzo de 1815 éstos son los titulares que se sucedieron en el periódico El Monitor mientras Napoleón se acercaba:

  • “El Monstruo se escapó de su destierro”.
  • “El Tigre se ha mostrado en el terreno. Las tropas avanzan para detener por todos lados su progreso”.
  • “El Tirano está ahora en Lyon. Cunde el temor en las calles por su aparición”.
  • “El Usurpador está a 60 horas de marcha de la capital”.
  • “Bonaparte avanza con marcha forzada”.
  • “Napoleón llegará a los muros de París mañana”.
  • “El Emperador está en Fontainebleau”
  • “Su Majestad El Emperador hizo su entrada pública y llegó a las Tullerias. Nada puede exceder la alegría universal ¡Viva el Imperio!”
Sacado de www.erroreshistoricos.com

5 comentarios:

  1. Bueno, aunque no tenga nada que ver con el tema os lo cuento.
    Al final, el culpable de la publicidad pop-up (esas insidiosas ventanitas) que salía en el blog cada vez que entrábamos era....... yo!
    Resulta que el contador de visitas que puse se tomaba ciertas libertades (por lo visto estaban en el contrato pero ¡quién se lee esas cosas!), así que he decidido quitarlo para que deje de chingar. Si encuentro otro molón y verdaderamente gratis ya os enteraréis.
    Y por cierto, el medio-metro de Napoleón les tenía a todos acojonados!
    P.D: A lo mejor os debo unas birras por las molestias ocasionadas. Estudiaré con mi ama-da la posibilidad de una pequeña fiesta en nuestro zulo para recompensaros. Os tendré al tanto. Aunque de ser, sería, of course, después de la de la pareja de moda: Borje!

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  2. Lo que has dicho sobre el medio metro corso ese, ¿te refieres a la estatura, verdad? Porque si no, lo cierto es que acojona a cualquiera...
    Biba Napoleón!!! Biba el emperador!!! (sólo si se escribe así toma sentido esta expresión) Quién le iba a decir al bueno de Maximiliano o a los todavía mejores de Marat o Hebert o al gran Babeuf que todo iba a acabar así... Es lo que tiene la historia, que hoy lo tienes al alcance de la mano, y mañana, de repente, te sale un emperador... Aunque, puestos a elegir entre emperadores... Napoleón tiene su punto... su grandiosité
    Salud

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  3. Perdonad, me he emocionado...
    Aqui os mando una parte del Manifiesto de los Iguales (o Manifiesto de los Plebeyos) de Babeuf (1760 - 1797) Por supuesto, ni qué decir tiene, fue convenientemente guillotinado...

    "(…) Proclamaremos, bajo la protección de nuestras cien mil lanzas, y de nuestras bocas de fuego, el verdadero código de la naturaleza que jamás se hubiera tenido que infringir.
    Explicaremos claramente cuál es la felicidad común, finalidad de la sociedad.
    Explicaremos que la suerte de todo hombre no debía empeorar al pasar del estado natural al estado social.
    Definiremos la propiedad.
    Probaremos que la tierra no es de nadie, pero que es de todos.
    Probaremos que todo aquel que acapara más allá de lo que puede nutrirle, comete un robo social.
    Probaremos que el pretendido derecho de alienabilidad es un atentado infame y criminal contra el pueblo.
    Probaremos que la herencia por familia, es otro horror no menos grande; que aísla a todos los miembros de la asociación, y hace de cada hogar una pequeña república, que no puede dejar de conspirar contra la grande, y consagrar la desigualdad.
    Probaremos que todo lo que tiene un miembro del cuerpo social por debajo de la suficiencia de sus necesidades de toda especie y de todos los días, es el resultado de una expoliación de su propiedad natural individual, realizada por los acaparadores de los bienes comunes.
    Que, en consecuencia, todo lo que un miembro del cuerpo social tiene por encima de la suficiencia de sus necesidades de toda especie y de todos los días, es resultado de un robo hecho a los coasociados, que priva necesariamente a un número, más o menos grande, de su cuota-parte de los bienes comunes.17(17Estado social perfeccionado, “Que todos tengan lo suficiente, y que nadie tenga demasiado.” J. J. Rousseau. Esta sentencia no será nunca reflexionada demasiado.)

    Que los más sutiles razonamientos no pueden prevalecer contra estas inalterables verdades.
    Que la superioridad de talentos y de industria no es más que una quimera y una añagaza, que siempre e indebidamente ha servido a los complots de los conspiradores contra la igualdad.
    Que la diferencia de valor y de mérito en el producto del trabajo de los hombres, no descansa más que en la opinión que algunos de entre ellos le han otorgado, y que han sabido hacer prevalecer.
    Que, sin duda, es sin razón que esta opinión ha valorado la jornada del que fabrica un reloj, en veinte veces más que la jornada del que traza los surcos.
    Que, sin embargo, con ayuda de esta falsa estimación, la ganancia del obrero relojero le ha dado la posibilidad de adquirir el patrimonio de veinte obreros del arado, a los que, por estos medios, ha expropiado.
    Que todos los proletarios han llegado a serlo como resultado de la misma combinación en todas las otras relaciones de proporción, pero partiendo todos de la única base de la diferencia de valor establecida entre las cosas, únicamente por la autoridad de la opinión.
    Que hay absurdo e injusticia en la pretensión de una recompensa más grande para aquel cuya tarea exige un grado más alto de inteligencia, y más aplicación y tensión de espíritu; que tal cosa no amplía de ningún modo la capacidad de su estómago.
    Que ninguna razón puede hacer pretender a una recompensa que exceda la suficiencia de las necesidades individuales.
    Que no es más que un producto de la opinión el valor de la inteligencia, y que es una cosa quizá a examinar todavía si el valor de la fuerza natural y física, no le equivale.
    Que son los inteligentes quienes han fijado un precio tan grande a las concepciones de sus cerebros, y que si hubieran sido los fuertes quienes hubieran ajustado competivamente las cosas, sin duda hubieran establecido que el mérito de los brazos valía el de la cabeza, y que la fatiga de todo el cuerpo podía ponerse en compensación con la de la parte rumiante.
    Que sin esta igualación establecida, se da a los más inteligentes, a los más industriosos, una patente de acaparación, un título para despojar impunemente a aquellos que lo son menos.
    Que es así como se ha destruido, volcado en el estado social, el equilibrio del bienestar, porque nada está tan confirmado como nuestra gran máxima: que no se llega a poseer demasiado, más que haciendo que otros no posean lo suficiente.
    Que todas nuestras instituciones civiles, nuestras transacciones recíprocas no son más que los actos de un perpetuo bandidaje, autorizado por absurdas y bárbaras leyes, a la sombra de las cuales no nos hemos ocupado más que de inter-despojarnos.
    Que nuestra sociedad de bribones entraña, siguiendo estas atroces convenciones primordiales, toda clase de vicios, de crímenes y de desgracias contra los cuales algunos hombres de bien se unen en vano para hacer es la guerra, que no pueden hacer triunfar porque no atacan el mal en su raíz y porque no aplican más que paliativos extraídos de la reserva de las falsas ideas de nuestra depravación orgánica.
    Que es claro, por todo lo que precede, que cuanto poseen los que tienen más allá de su cuota-parte individual en los bienes de la sociedad, es robo y usurpación.
    Que es, pues, justicia tomárselo de nuevo.
    Que aquel que probara que, por el solo efecto de sus fuerzas naturales, es capaz de hacer igual que cuatro, y que, en consecuencia exigiese la retribución de cuatro, sería también un conspirador contra la sociedad, porque haría vacilar el equilibrio tan sólo por este medio, y destruiría la preciosa igualdad.
    Que la cordura ordena imperiosamente a todos los co-asociados reprimir a tal hombre, perseguido como una calamidad social, reducido, al menos, a que no pueda hacer más que la tarea de un solo hombre, para que no pueda exigir más que una recompensa.
    Que la producción de la industria y del genio devenga también propiedad de todos, dominio de la asociación entera, desde el momento mismo en que los inventores y los trabajadores les han dado vida; porque no son más que una compensación de las precedentes invenciones del genio y de la industria, de las cuales estos inventores y estos trabajadores nuevos se han aprovechado en la vida social, y que les han ayudado en sus descubrimientos.
    Que, ya que los conocimientos adquiridos son del dominio de todos, deben, pues, ser igualmente repartidos entre todos.
    Que una verdad, impugnada con despropósito por la mala fe, el prejuicio o la irreflexión, es este reparto igual de los conocimientos entre todos, que volvería a situar a todos los hombres en un estado casi de igualdad en capacidad e incluso en talento.
    Que la educación es una monstruosidad, cuando es desigual, cuando es patrimonio exclusivo de una parte de la asociación; ya que entonces se transforma, en manos de esta parte, en un cúmulo de máquinas, una provisión de armas de todas clases, con la ayuda de las cuales esta primera parte combate contra la otra que se halla desarmada, y en consecuencia, consigue, fácilmente dominada, engañarla, despojada, esclavizada bajo las más vergonzosas cadenas.
    Que no hay verdad más importante que la que ya hemos citado, y que un filósofo ha proclamado en estos términos: hablad tanto como queráis sobre la mejor forma de gobierno, nada habréis hecho mientras no hayáis destruido los gérmenes de la codicia y de la ambición. (Diderot)
    Que es necesario, pues, que las instituciones sociales lleven a dicho punto, que quiten a todos los individuos la esperanza de devenir jamás ni más ricos, ni más potentes, ni más distinguidos por sus luces, que ningún otro de sus iguales.
    Que es necesario, para precisar más la cuestión, llegar a encadenar la suerte; hacer que cada coasociado sea independiente de las posibilidades y de las circunstancias felices o desgraciadas; asegurar a cada uno y a su posteridad, tan numerosa como sea, lo suficiente, pero nada más que lo suficiente; y a cerrar para todos, todas las posibles vías de obtener por encima de la cuota-parte individual en los productos de la naturaleza y del trabajo.
    Que el único medio de llegar a tal punto es establecer la administración común; suprimir la propiedad particular; vincular a cada hombre al talento, a la industria que conoce, obligarle a depositar el fruto en especies en el almacén común; y establecer una simple administración de distribución, una administración de subsistencias, que lleve el registro de todos los individuos y de todas las cosas, y haga repartir estas últimas con la más escrupulosa igualdad, y las deposite en el domicilio de cada ciudadano.
    Que este gobierno, cuya existencia se ha demostrado practicable por la experiencia, pues es el que se aplica al millón doscientos mil hombres de nuestros doce ejércitos (lo que es posible en pequeño lo es en grande); que este gobierno es el único del que puede salir la felicidad universal, inalterable, sin mezclas; la felicidad común, finalidad de la sociedad.
    Que este gobierno hará desaparecer los límites, barreras, muros, cerraduras de las puertas, las disputas, los procesos, los robos, los asesinatos, todos los crímenes; los tribunales, las cárceles, las horcas, las penas, la desesperación que causan todas estas calamidades; la envidia, los celos, la insaciabilidad, el orgullo, el engaño, la hipocresía, en fin todos los vicios; más aún (y este punto es quizá el esencial), el gusano roedor de la inquietud general, particular, perpetua de cada uno, sobre nuestra suerte del mañana, del mes, del año siguiente, de nuestra vejez, de nuestros hijos y de los hijos de éstos.
    Tal es el sumario preciso de este terrible Manifiesto que ofreceremos a la masa oprimida del Pueblo francés (…)"
    Salud

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  4. Jodó! Fernandico, eres un afrancesado!... gracias a dios!

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  5. El texto de Fernando sólo tendrá una cara, pero mi sensación parrafética es de 10

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